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viernes, 27 de agosto de 2010

Es hora de recuperar nuestra Universidad

Era de esperarse: el puñado de ridículos enmascarados que algunas autoridades universitarias timorata y calculadamente nunca quisieron condenar en el pasado, se ha convertido en un problema real para la UCR. El silencio cómplice está teniendo consecuencias ya no simbólicas sino concretas: La Universidad no pudo celebrar su 70 aniversario, durante dos días no se ha podido impartir clases, se debe conceder un asueto forzado y nuevamente se proyecta una imagen incorrecta de lo que es la institución decana de la educación superior costarricense.

Todo empezó durante el proceso electoral del 2006. En ese año, un grupo de radicales intolerantes impidió la participación de un candidato presidencial en un programa de televisión del Canal 15, transgrediendo un principio fundamental de la acción universitaria: la tolerancia a todas las ideas. De la misma manera, la serie de debates entre candidatos organizados por la Institución fracasó estrepitosamente en medio de la gritería desaforada de quienes no aceptaban que algunos candidatos expusieran sus ideas a favor del TLC. Pero estos actos, que requerían de un repudio oficial sin cortapisas, fueron condonados con un silencio que es el verdadero origen de este problema.

Este fenómeno se agudizó aun más en el 2007, el año del referéndum sobre el TLC. Esta fue una época de ensueño para estos grupos, cuya posición en contra del Tratado coincidía con la posición "oficial". Fue el año en que felices marchaban con la cara cubierta sin ningún cuestionamiento a la par de algunas autoridades universitarias que no quisieron nunca pedirles que protestaran con orgullo, a cara descubierta. Esas mismas autoridades que después de los desmanes que estos radicales organizaban al final de cada marcha -ya uno sabía que después siempre venía el bloqueo de la calle frente a Derecho, con quema de llantas incluida-, acudían a ejercicios retóricos para no condenar a sus aliados en la lucha en contra del TLC.

Ese fue el año en que estos grupos se dieron gusto insultando a quienes pensábamos diferente, de no permitir la entrada a la UCR, acudiendo a la intimidación cercana a la agresión física, de personas que apoyaban el TLC, y de boicotear actividades en donde se trataba de debatir con rigor, pasión y respeto, las distintas posiciones. Y todo sucedía bajo la mirada indiferente, si no de aprobación de algunas autoridades universitarias.

Pues bien, la hora de pagar esa actuación ambigua y calculadora, bajo la filosofía de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, ha llegado. Es el momento de que la comunidad universitaria, encabezada por sus autoridades, se desmarque definitivamente de estos grupos y que se sienten responsabilidades administrativas y hasta penales si es pertinente. Es hora de campos pagados con pronunciamientos oficiales del Consejo Universitario, tan presto a manifestarse sobre una infinidad de temas de la vida nacional y tan reticente de hacerlo con un problema universitario que afecta la imagen de miles de estudiantes, docentes y funcionarios administrativos que día a día construyen la UCR de la que nos sentimos orgullosos. No se trata solo de una marcha para desagraviar a la Rectora como la que se organiza para el próximo lunes, se trata de manifestarse públicamente en contra de toma de edificios, de protestas enmascaradas y de la intolerancia. Y hacerlo sin vacilación, con firmeza, sentando responsabilidades. No hacerlo así es seguir permitiendo que la U se nos vaya de las manos.

Es el momento de iniciar la recuperación de nuestra Universidad. De ahora en adelante no debemos permitir que nos coarten nuestro derecho al trabajo, al estudio, a la libre expresión de ideas, Hay que salir a repudiar a estos grupos y condenarlos sin ambages. En estos días apenas hemos tenido una muestra pequeña de lo que podría pasar en el futuro si no actuamos ya. Esperemos que nuestras autoridades asuman su responsabilidad histórica en este momento aciago.