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domingo, 3 de julio de 2016

La verdadera Costa Rica

Detrás del discurso tremendista que pinta a Costa Rica como un país en ruinas, en donde nada funciona y todo está en crisis, existen intereses que se revelan en discursos que comparten una estrategia común: ignorar información que contradice esa construcción interesada de una imagen apocalíptica, de la que ciertos grupos se benefician de distintas maneras.

En estos grupos están por ejemplo los que en la campaña electoral pasada (que parece tan lejana aun cuando solo han pasado poco mas de 2 años), insistían en la idea del cambio en razón de una situación, decían en su momento, caótica, con un país cayéndose a pedazos y en ruta a una debacle de proporciones bíblicas. Son los mismos que, una vez que asumieron el gobierno, presentaban una visión completamente distinta, probablemente mas apegada a la realidad, cuando debieron salir, frecuentemente habría que agregar, a promocionar al país para propiciar la inversión extranjera.

Otro grupo es el de los que desde una trinchera ideológica específica pretende el debilitamiento del Estado. Para esta gente, el país ineludiblemente se dirige al barranco, y  la única manera de evitarlo es descarrilando al Estado, ese monstruo de mil cabezas que reparte privilegios a unos pocos, en medio de una ineficiencia que nos cuesta miles de millones anualmente.

Los discursos se originan, uno, en el oportunismo, y el otro, en el radicalismo ideológico. Pero coinciden en su afán de mostrarnos una realidad parcial, en donde hay poco  que rescatar y en donde la crítica incesante es válida ante una clase política que no escucha. Y uno de los argumentos mas utilizados en este escenario, es el nivel de pobreza, que ha variado poco en los últimos 20 años, como una nuestra fehaciente del fracaso de los políticos y del Estado.

Este línea de razonamiento es pertinente para mostrar la utilización interesada –o mas bien, la no utilización interesada-, de información que el país ha venido generando para comprender mejor su realidad socioeconómica, más allá de la medición de la pobreza por ingreso. Y aquí el propósito no es afirmar de ninguna manera que no hay retos por delante, sino que el panorama que algunos pintan no corresponde fielmente al país que de verdad tenemos.

Hace unos días el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), presentó la última versión de su Atlas Cantonal de Desarrollo Humano, en el que se recogen “los índices de la familia de desarrollo humano con los que PNUD ha trabajado internacionalmente y los aplica a la realidad costarricense desagregándolos al ámbito cantonal”. Se trata de una medición que valora el nivel de desarrollo en los 81 cantones del país, y que se ha venido realizando desde hace ya varios años.

El Atlas 2015 muestra algunos resultados positivos, que desafortunadamente pasaron desapercibidos para la mayor parte de los medios de comunicación. En el 2014 el 66,7% de la población vivía en cantones ubicados entre los categorías de alto y muy alto desarrollo humano, mientras que en 2010 ese porcentaje fue del 50%” Solo el 0,9% de la población vive en cantones de desarrollo bajo, después de que era un 2,0% en el 2010. Y del 2010 a esta fecha, 16 cantones mejoraron al menos 10 posiciones en el ranking.


Esta información confirma la tendencia que ha venido señalando otros informes que analizan, utilizando datos duros y no percepciones, la evolución del país en distintos ámbitos del desarrollo. En la publicación “Reducir la pobreza en Costa Rica es posible-Propuestas para la acción”  se muestra que la pobreza, medida con el método de Necesidades Básicas Insatisfechas, ha venido mejorando notablemente del 2000 al 2011.

Destaca el dato del porcentaje de hogares pobres y pobres extremos que no tienen necesidades básicas insatisfechas, definidas estas como “acceso a albergue digno; acceso a vida saludable; acceso al conocimiento; y acceso a otros bienes y servicios”. Es decir, las personas clasificadas como pobres porque no tienen ingresos suficientes, tienen cubiertas un conjunto de necesidades básicas. Y eso es resultado del trabajo del Estado.

Un indicador adicional es el Índice de Pobreza Multidimensional, lanzado en este gobierno. Los resultados para el período 2010-2015, por cierto invisibilizados en la presentación oficial del estudio, muestran una mejoría importante, tanto a nivel nacional como regional. Otros datos de otros informes concluyen por ejemplo que la pobreza extrema sería el doble sin las transferencias del Estado, y que el coeficiente de Gini , que mide la desigualdad, sería aun peor sin esa asistencia.

De modo que, aunque seguimos teniendo espacio para mejorar, la realidad no es lo que nos dijeron en el 2014 y lo que repiten hoy los adalides del liberalismo. Ni tampoco una situación que sugiera, como lo hiciera de manera alucinante un columnista venido a menos en un medio digital, la necesidad de una revolución.  La valoración adecuada del camino que hemos venido recorriendo nos permite hacer ajustes serios y pertinentes, y no escuchar los destemplados cantos de sirena que hicieron que el país estuviera dispuesto a apostar al cambio por el cambio.

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Y como siempre, la recomendación para que escuchen el  podcast de Café Futbol CR, producción de Alvaro Gallardo, Alberto Alfaro y Leonardo Pandolfi. Esta semana con temas relacionados al calendario de los equipos nacionales en CONCACAF y el "retorno" MacDonald a la Liga Deportiva Alajuelense, entre otros.

domingo, 24 de enero de 2016

El MOPT, Kate y Sean, y C.E.R.R.A.R

Se fue el ministro Segnini, en lo que parece ser la crónica de una muerte anunciada. De primera entrada, la idea de nombrar un abogado para liderar este ministerio, contrario sensu de lo que pensaba la mayoría, parecía apropiada, porque el MOPT necesita una reingeniería legal profunda. El presidente Solís anuncia que nombrará a “un ingeniero”, para que se ejecuten las obras pendientes, mostrando nuevamente que, pese a acercarse a la marca de los dos años de gobierno, aparentemente sigue desconociendo el funcionamiento del estado costarricense.

Mientras no se reformen los procedimientos de contratación pública, el país seguirá durando años para construir carreteras y desarrollar infraestructura en general. El sistema está trabado en muchos puntos, y es imprescindible cortar esos nudos gordianos antes de ponerse a prometer nada en este campo.

Lo cierto es que el nuevo ministro no tendrá oportunidad de concretar nada nuevo en el tiempo que le queda a este gobierno. Conque termine de ejecutar lo que viene en marcha de gobiernos anteriores, ya podría sentirse satisfecho. No porque no tenga el entusiasmo o la capacidad para hacerlo, sino porque el sistema es tan complejo, que le tomará por lo menos 6 meses entender cómo se mueven las cosas, período en el que posiblemente no esté dispuesto a ponerle la firma a nada que pueda comprometerlo.

Porque quien vaya a asumir este cargo, debe saber que la mayoría de sus predecesores, sobre todo aquellos que intentaron concretar proyectos, han sido objeto de acusaciones de diversa índole, acusaciones de las que se defienden aun ahora, pasados muchos años después de haber dejado el cargo. Lo mejor es dedicarse a reformar el MOPT. El país lo agradecería mucho.

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Hace unos días ví el documental “Cartel Land”, que retrata con enorme crudeza la violencia y el clima de inseguridad imperante en la frontera entre EEUU y México, resultado de la acción de los carteles de la droga y de grupos de vigilantes ciudadanos a ambos lados de la frontera. Lo que viven los ciudadanos atrapados en medio del fuego cruzado entre milicias, narcos, policía y ejército, es una tragedia de proporciones abrumadoras.

Precisamente por eso es que la saga de del Castillo-El Chapo-Penn me ha parecido de lo mas desagradable. Durante las semanas posteriores a la captura de El Chapo, la discusión se ha centrado, como era de esperarse cuando se involucran personas de la farándula sin ningún criterio, en lo superficial, trivializando un tema delicado, irrespetando a las miles de víctimas de la violencia, y mostrando la verdadera esencia de los involucrados.

Lo peor que puede pasar con un tema como este, es que termine siendo objeto de un pésimo artículo en Rolling Stone, o el tema del día en las revistas de farándula o sensacionalistas. Del Castillo y Penn, una, jugando con fuego atizando una relación de amor adolescente con un prófugo de la justicia, y el otro, presa de una activismo mal entendido, que lo ha llevado a hacer el ridículo repetidamente en campos que evidentemente no entiende. Mejor que se dediquen a su profesión, y dejen de irrespetar a gente que ha sufrido tanto.

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El legislador Ottón Solís presentó un proyecto, con el desafortunado acrónimo de “C.E.R.R.A.R”, para “cerrar instituciones, eliminar duplicaciones, reunificar funciones, redefinir rectoría, ahorrar recursos y reducir la pobreza”. El tema ha generado instantáneamente un debate que pareciera dirigirse a los lugares comunes, siendo uno que requiere de mucha serenidad y equilibrio.

Ya en otra entrada de este blog había mencionado el verdadero impacto de los programas sociales, en los que el país invierte recursos equivalentes a poco mas del 20% del PIB. Y esto es importante porque se puede creer que esos programas son un fracaso total y por lo tanto se justifica cualquier reingeniería. En la construcción de esa sombrilla de protección social que distingue a Costa Rica, se ha invertido mucho durante mucho tiempo, y desestimar esta experiencia por las razones equivocadas sería peligrosísimo.

Hace unos años, el recordado investigador Carlos Sojo había realizado, conjuntamente con el Dr. Manuel Barahona, un estudio sobre las supuestas duplicidades en el sector social. Los resultados no fueron lo que se esperaban: las duplicidades no eran tan dramáticas como la gente cree. Ese estudio debe estar todavía en el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica, que fue el ente que lo contrató en el marco de una discusión alrededor de la efectividad de las políticas sociales.

Claro que es importante detectar posibles duplicidades, desperdicio y manejo clientelista de la ayuda social. Pero si hay alguna discusión que debe llevarse con mucha mesura, contando con todos los elementos necesarios, y sin escuchar los cantos de sirena de quienes en realidad lo que quieren es desmantelar el estado, es esta.