La cadena de acontecimientos desatados por el retiro de la delegación costarricense, encabezada por el presidente y el canciller, para no escuchar el discurso del Presidente de Brasil, confirma las características de un gobierno desarticulado en donde no parece haber ningún tipo comunicación interna, producto, entre otras razones, por la ausencia de liderazgo político de la Casa Presidencial.
La reacción inicial del gobierno mismo, aparentemente cogido por sorpresa por un “gesto” que parece haber sido fraguado al calor del momento, es ya bastante indicativa. El comunicado inicial de Cancillería, titulado ampulosamente como “Declaración Oficial sobre decisión de no escuchar mensaje de Michel Temer en Naciones Unidas” -como mencionó alguien en redes sociales-, parecía haber sido redactado desde un teléfono en el mismo momento que se hacía abandono de la sala. Justifica la salida como producto de nuestras dudas que, “ante ciertas actitudes y actuaciones, se quiera aleccionar sobre prácticas democráticas”, una de las frases más enigmáticas de la historia de la política exterior costarricense. Acto seguido, sin embargo, sugiere que el retiro fue casual, pues “no es inusual que todos los Jefes de Estado o de Gobierno no escuchen todos los discursos de sus homólogos”. Pero no puede ser las dos cosas: o es un acto de protesta, o es una salida dentro de la práctica cotidiana. Parece una redacción tensada por la disyuntiva de confirmar la protesta, o atenuar el impacto de una evento que tomó a todo mundo desprevenido.

El texto en Facebook del canciller deja sin respuesta algunas interrogantes importantes. Primero, saber con certeza si lo que se hizo es una protesta, o es unas salida casual. Segundo, cuál es el razonamiento que sustenta esta actitud ante el gobierno de Brasil y su Presidente, porque no parece haber sido el producto de un proceso de análisis, sino mas bien de una ocurrencia del momento.

Ante este panorama, es razonable suponer que lo que se hizo fue mas una reacción espontánea, que el resultado de una posición madurada de política exterior. No se tenía ninguna señal de que esto iba a pasar. Aunque los elementos parecían estar ahí: así lo consigna el periodista Gilberto Lopes en su Facebook, cuando asegura que el presidente Solís le manifestó que lo sucedido en Brasil había sido “un golpe”. Tal vez esta conversación rondaba la cabeza de Solís cuando decidió levantarse para expresar las dudas/preocupaciones/el rechazo del proceso oscuro/o el envío del mensaje.

En solo unos días el país ha tenido nuevamente una muestra del estilo de gobierno que ha caracterizado la administración Solís. Es mas o menos lo que ha venido pasando en estos dos años y cuatro meses. Y posiblemente lo que seguiremos viendo en los restantes 20 meses.
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