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miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿Bajar la pobreza o bajar la cifra de pobreza?

Posiblemente no hay un objetivo de política social que concite mayor apoyo que el de reducir la pobreza. Este flagelo, que como lo ha dicho Mouhammad Yunnus, es una construcción social y no un estado natural, requiere de un esfuerzo interinstitucional sostenido, con el objetivo de construir las condiciones necesarias para romper los círculos viciosos reproductores de la pobreza. Este es un proceso que para exhibir resultados requiere de tiempo, que permita a las personas contar con las capacidades para lograr su inserción exitosa en el mercado laboral, que es la solución permanente de la pobreza.

En muchos casos sin embargo, se necesita acudir a los subsidios directos para atender necesidades básicas, sobre todo las de los mas pobres. Se trata de un tema de subsistencia y que para ser efectivo debe ir acompañado de la atención integral de patologías sociales como drogadicción, alcoholismo y prostitución, mientras se espera que los objetivos de mediano plazo se cumplan. El gasto de este tipo es inevitable, y está siempre previsto en los presupuestos de la inversión social.

Pero, una cosa es ejecutar políticas asistencialistas y otra sacar a la gente de la pobreza. En Costa Rica, que se utiliza un nivel de ingreso familiar para determinar quien está por encima o por debajo de la línea de pobreza, una transferencia económica puede aumentar el ingreso familiar al punto que mediante este mecanismo se les saque de la pobreza. Será, sin embargo, una condición temporal, porque, a menos que se quiera actualizar permanentemente el monto del subsidio –insostenible para las finanzas públicas-, eventualmente la inflación anulará el efecto económico de la transferencia, con lo que la familia que la recibe volverá a caer en la pobreza.

De ahí que hay que hacer una diferenciación entre el objetivo de bajar la pobreza y el de bajar la cifra de pobreza. Lo primero es complejísimo y requiere, además de todo lo mencionado, de un entorno económico dinámico. Lo segundo es más fácil y puede obtenerse con cierta rapidez y facilidad, pero no es sostenible.

Hago esta reflexión a la luz del objetivo de reducir a la mitad la cifra de pobreza extrema planteado en el Plan Nacional de Desarrollo. Como se estipula en el PND, las necesidades básicas que se pretenden cubrir para lograr este objetivo se refieren a “alimentación, pago de alquiler domiciliario, salud, vestido, enseres del hogar, servicios básicos y otros” . Es decir, un subsidio directo para asumir esos gastos. El monto que se otorgará sin duda terminará elevando el ingreso familiar de manera que superará el umbral de la pobreza extrema, aunque probablemente no será suficiente para salir de la pobreza.

La solución permanente no puede descansar solo en esquemas de este tipo. Un esfuerzo como este, en el que se invertirá ¢130,000 millones en cuatro años, requiere de políticas complementarias. La cifra de pobreza extrema posiblemente baje, pero solo provisionalmente. Y el éxito temporal no debería ser el derrotero de la política social.

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