Don Víctor Hugo Murillo y don Armando Mayorga se refieren en la columna “Buenos Días” del 12 y 13 de octubre, respectivamente, al tema de algunos incidentes que se han suscitado involucrando a periodistas que cubren la información de Casa Presidencial. Ambas columnas comparten una premisa: que lo sucedido se deriva de alguna manera por la renuencia de la presidenta de la República a referirse a temas “incómodos”.
Esta es una apreciación que no tiene sustento en los hechos mismos tal y como sucedieron, pero mucho menos cuando se examina la relación que a lo largo de su carrera política ha tenido la Presidenta con la prensa.
En ninguno de los casos mencionados la Presidenta se negó a dar declaraciones porque las preguntas que se hacían eran incómodas. En el caso del periodista Álvaro Murillo, doña Laura ya le había contestado 5 o 6 preguntas antes de retirarse para continuar con una gira que efectuaba por tres cantones de la provincia de Cartago. Es importante mencionar que la pregunta que don Álvaro no pudo hacer versaba sobre temas que ya había tocado en sus preguntas anteriores.
En el caso de los periodistas Mata y Martínez, a ambos se les había informado de previo que la Presidenta no iba a contestar preguntas en ese momento. Al primero porque se tenía programada una conferencia de prensa para el día siguiente y se consideraba más apropiado este espacio para evacuar con más tiempo las consultas de la prensa; y al segundo porque, como se ha venido haciendo en las actividades públicas de la Presidenta, la atención a la prensa se realiza siempre al finalizar los actos en los que participa.
Valga la pena mencionar que cuando el periodista Martínez aborda a la Presidenta, ella se dirigía, en compañía del presidente del BID a inaugurar el Foro Iberoamericano de Microempresa, y que, como mencioné anteriormente, se le había informado previamente a don Andrés que en ese momento la Presidenta no brindaría declaraciones.
Salvo en el caso del periodista Murillo, existe un registro gráfico de estos hechos, dado que el personal de la Dirección de Prensa de la Presidencia de la República graba en video sus actividades públicas. En este se puede apreciar con claridad que de previo a que se haga una sola pregunta se informa a los periodistas que no se atenderá en ese momento ninguna consulta. No es que la Presidenta, “molesta” por algún tema, pidiera a funcionarios de la Presidencia que bloquearan a los periodistas. Doña Laura está absolutamente consciente de sus deberes y las obligaciones que le impone su cargo, y ha actuado consecuentemente a lo largo de su trayectoria como funcionaria pública.
Aunque hemos hecho un esfuerzo para facilitar y ordenar la atención a la prensa en la Presidencia, estamos conscientes de que hay espacio para mejorar, sobre todo con el objetivo de evitar que hechos como estos se repitan en el futuro, por lo que tomaremos las medidas necesarias para asegurarnos, en lo posible, de que así sea.
Blog personal de Roberto J. Gallardo N., Profesor de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica
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martes, 18 de octubre de 2011
martes, 25 de mayo de 2010
Carta a los periodistas
Queridos amigos y amigas periodistas: partimos de la premisa de que ustedes trabajan para nosotros, los ciudadanos de este país. Por lo tanto, nuestra opinión sobre su labor debería ser importante. No queremos que ustedes se conviertan en eso que tanto le achacan ser a los políticos: personas desligadas del sentir nacional. Así que queríamos compartir algunas preocupaciones que tenemos sobre su trabajo.
Primero, no es posible que en este país solo haya noticias de sucesos o “farándula”. Algunos telenoticieros pasan más de la mitad de su emisión informando profusamente de atropellos, asesinatos, las nuevas “bubis” de alguna modelo nacional y lo que pasó en alguno de los programas de variedades del mismo canal. No se trata de negar la realidad, pero pasar dos o tres días hablando repetidamente de un mismo asesinato no parece tener valor informativo. Aquí el tema es que cuando ustedes informan sobre algo en detrimento de otra cosa, una parte de la realidad queda oculta. Pero además asumen que nosotros somos personas morbosas y superficiales que nos regodeamos con la nota roja y de farándula. Y no es así. Pero aún si fuera así, deberían educarnos para interesarnos en otro tipo de información, no simplemente darle rienda suelta al morbo popular.
Segundo, y relacionado con lo anterior, es absolutamente factible informar sobre sucesos sin caer en el sensacionalismo. Nosotros creíamos que esto no era posible, pero ahora que tenemos acceso al cable y por lo tanto a programas de noticias internacionales, nos damos cuenta que sí. No vemos ahí tomas desgarradoras de niños atropellados o insensibles entrevistas con familiares de las víctimas. Sobre todo esto último es insoportable. Hay un umbral íntimo en las familias que nadie, ni siquiera en nombre de la libertad de prensa, tiene derecho a transgredir. No queremos saber si a una madre le duele el asesinato de su hijo, ni si la gente estaba triste en el entierro de la mujer asesinada por su esposo. Lo podemos imaginar.
Tercero, por favor no nos subestimen. No traten de guiarnos a una conclusión específica sobre un tema de interés nacional. No usen adjetivos cuando informan. Hace unos días un matutino publicó en su primera página el titular “Jugoso aumento quieren 45 diputados”. ¿Para qué calificar el aumento? Para las opiniones personales están las secciones correspondientes. ¿No habría sido mejor usar un titular que dijera algo así como “45 diputados impulsan aumento de salario”? La conclusión de si es jugoso o no nos corresponde hacerla a nosotros, no a ustedes, aun una tan obvia como esta. No nos ayuden.
Cuarto, cuestionar el enfoque periodístico no es un ataque a la libertad de expresión. El título de periodista no les otorga objetividad automática. Ustedes, como nosotros, están marcados por la subjetividad. Para tratar de ser objetivo hay que estar consciente de esto y hacer un esfuerzo sostenido para equilibrar las opiniones propias con la necesidad de informar objetivamente. Debe ser muy duro, pero el buen profesional en comunicación tiene que intentarlo siempre.
Quinto, la autocrítica es deseable. Cometer errores no tiene nada de malo. Puede ser que se les haya ido la mano en algo o que hayan presentado una información sesgada aun sin mala intención. La respuesta a esto es tratar de mejorar siempre, no cerrar filas y defenderse a toda costa. Todos, incluso ustedes, somos humanos y por lo tanto propensos a cometer errores. Pero en el caso de ustedes, su error tiene una influencia que no es posible desestimar. Porque en muchos casos, nosotros forjamos una opinión sobre ciertos acontecimientos a través de lo que ustedes nos informan. Por eso tenemos que saber que están dispuestos a aceptar honestamente que se equivocaron. La recompensa es la credibilidad.
Por último, déjennos regodearnos, aunque sea por un día, de alguna buena noticia. Cuando se informa sobre lo que el país ha alcanzado en el algún ámbito de la vida nacional, inmediatamente viene un cuestionamiento. Cuando instituciones internacionales dicen que el país es exitoso en algún campo, celebrémoslo y sigamos adelante. Pero pareciera que para ustedes una noticia de este tipo requiere un desmentido automático. Entendemos que hay algunas fuentes sospechosas, pero en otros casos el sospechoso es el “experto” o la “ONG” a la que se acude para desvirtuar lo alcanzado.
Les hacemos estas observaciones porque estamos conscientes de la importancia del trabajo que ustedes hacen. Y porque necesitamos que sean cada vez mejores, porque si ustedes lo hacen nosotros saldremos beneficiados. Y el país. No es poca cosa.
Atentamente, la opinión pública.
Primero, no es posible que en este país solo haya noticias de sucesos o “farándula”. Algunos telenoticieros pasan más de la mitad de su emisión informando profusamente de atropellos, asesinatos, las nuevas “bubis” de alguna modelo nacional y lo que pasó en alguno de los programas de variedades del mismo canal. No se trata de negar la realidad, pero pasar dos o tres días hablando repetidamente de un mismo asesinato no parece tener valor informativo. Aquí el tema es que cuando ustedes informan sobre algo en detrimento de otra cosa, una parte de la realidad queda oculta. Pero además asumen que nosotros somos personas morbosas y superficiales que nos regodeamos con la nota roja y de farándula. Y no es así. Pero aún si fuera así, deberían educarnos para interesarnos en otro tipo de información, no simplemente darle rienda suelta al morbo popular.
Segundo, y relacionado con lo anterior, es absolutamente factible informar sobre sucesos sin caer en el sensacionalismo. Nosotros creíamos que esto no era posible, pero ahora que tenemos acceso al cable y por lo tanto a programas de noticias internacionales, nos damos cuenta que sí. No vemos ahí tomas desgarradoras de niños atropellados o insensibles entrevistas con familiares de las víctimas. Sobre todo esto último es insoportable. Hay un umbral íntimo en las familias que nadie, ni siquiera en nombre de la libertad de prensa, tiene derecho a transgredir. No queremos saber si a una madre le duele el asesinato de su hijo, ni si la gente estaba triste en el entierro de la mujer asesinada por su esposo. Lo podemos imaginar.
Tercero, por favor no nos subestimen. No traten de guiarnos a una conclusión específica sobre un tema de interés nacional. No usen adjetivos cuando informan. Hace unos días un matutino publicó en su primera página el titular “Jugoso aumento quieren 45 diputados”. ¿Para qué calificar el aumento? Para las opiniones personales están las secciones correspondientes. ¿No habría sido mejor usar un titular que dijera algo así como “45 diputados impulsan aumento de salario”? La conclusión de si es jugoso o no nos corresponde hacerla a nosotros, no a ustedes, aun una tan obvia como esta. No nos ayuden.
Cuarto, cuestionar el enfoque periodístico no es un ataque a la libertad de expresión. El título de periodista no les otorga objetividad automática. Ustedes, como nosotros, están marcados por la subjetividad. Para tratar de ser objetivo hay que estar consciente de esto y hacer un esfuerzo sostenido para equilibrar las opiniones propias con la necesidad de informar objetivamente. Debe ser muy duro, pero el buen profesional en comunicación tiene que intentarlo siempre.
Quinto, la autocrítica es deseable. Cometer errores no tiene nada de malo. Puede ser que se les haya ido la mano en algo o que hayan presentado una información sesgada aun sin mala intención. La respuesta a esto es tratar de mejorar siempre, no cerrar filas y defenderse a toda costa. Todos, incluso ustedes, somos humanos y por lo tanto propensos a cometer errores. Pero en el caso de ustedes, su error tiene una influencia que no es posible desestimar. Porque en muchos casos, nosotros forjamos una opinión sobre ciertos acontecimientos a través de lo que ustedes nos informan. Por eso tenemos que saber que están dispuestos a aceptar honestamente que se equivocaron. La recompensa es la credibilidad.
Por último, déjennos regodearnos, aunque sea por un día, de alguna buena noticia. Cuando se informa sobre lo que el país ha alcanzado en el algún ámbito de la vida nacional, inmediatamente viene un cuestionamiento. Cuando instituciones internacionales dicen que el país es exitoso en algún campo, celebrémoslo y sigamos adelante. Pero pareciera que para ustedes una noticia de este tipo requiere un desmentido automático. Entendemos que hay algunas fuentes sospechosas, pero en otros casos el sospechoso es el “experto” o la “ONG” a la que se acude para desvirtuar lo alcanzado.
Les hacemos estas observaciones porque estamos conscientes de la importancia del trabajo que ustedes hacen. Y porque necesitamos que sean cada vez mejores, porque si ustedes lo hacen nosotros saldremos beneficiados. Y el país. No es poca cosa.
Atentamente, la opinión pública.
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