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miércoles, 19 de mayo de 2010

Déficit y reforma fiscal

Este año el país enfrentará un déficit fiscal de alrededor de un 5%. El tema es serio y merece una reflexión igualmente seria, y no un debate plagado de juicios de valor y sin considerar todos lo elementos necesarios para tener una posición informada.

Lo primero es explicar el origen del déficit. Costa Rica, con una economía muy pequeña para sustentar su crecimiento en la demanda interna, ha apostado por la integración comercial internacional para generar el dinamismo necesario que nos permita alcanzar mejores niveles de vida. Precisamente por esto la crisis tuvo un impacto directo en el país, el que si bien fue menor que otras latitudes, siempre resultó en una disminución de la producción nacional como no se había visto en las últimas décadas.

Y cuando un país produce menos, el Gobierno recauda menos. Pero las necesidades siguen siendo las mismas. La receta tradicional ante un desbalance como este era recortar gastos, sobre todo en el ámbito social, que es normalmente en el que se invierten más recursos. Pero esta vez, con la aquiescencia de los organismos financieros internacionales que hace 25 años recomendaban exactamente lo contrario, se concluyó que lo mejor era enfrentar esta disminución en la producción de riqueza aumentando el gasto público, aunque fuera necesario incurrir en déficits fiscales en el proceso.

Eso precisamente fue lo que se hizo en Costa Rica. Por eso se utilizaron recursos públicos para capitalizar los bancos estatales, de manera que el crédito no dejara de fluir al aparato productivo nacional. En esa dirección se ejecutó un Plan Alimentario que garantizó el suministro de granos básicos, pero además estimuló la actividad agrícola. En la misma línea se agilizó la ejecución de algunos proyectos de infraestructura con fondos del presupuesto. Y así con un conjunto de medidas, recogidas en el Plan Escudo, que tenía como objetivo intentar compensar la desaceleración económica y proteger el empleo.

Pero más importante aún, se reforzaron los presupuestos de los programas de asistencia social, a partir de la premisa de que los que menos tienen debían ser protegidos del embate de la crisis, y que, sobre todo, la pérdida de ingreso familiar no terminara hipotecando el futuro de los jóvenes que se verían obligados a abandonar sus estudios para sumarse prematuramente a la fuerza laboral.

Gracias a esta medidas, el país pudo atenuar el golpe. Pero por supuesto que tuvo un precio: el déficit fiscal. No prueba esto -como están empezando a afirmar algunos economistas que comienzan a asomar la cabeza después de que la aplicación de sus teorías de libre mercado sin regulación precisamente causaran la crisis-, falta de disciplina o irresponsabilidad fiscal, sino más bien la imperiosa necesidad de una reforma fiscal que produzca suficientes recursos para sostener y ampliar la red de asistencia social que requiere el país, así como la inversión en ámbitos estratégicos como infraestructura y ciencia y tecnología que son requisito fundamental para dar ese salto cualitativo que el país necesita.

El problema es evidentemente de estructura tributaria y no tiene que ver únicamente con el nivel de crecimiento económico. Esto quedó claro en los años precedentes a la crisis, en los que pese al dinamismo de la economía y a niveles de recaudación sin precedentes, el país siempre tuvo que sacrificar inversión en algunos ámbitos cuando por ejemplo se presentaba una emergencia. ¿Cuántas nuevas escuelas se habrán tenido que sacrificar para atender daños provocados por inundaciones? ¿Cuántos CEN-CINAI se tuvo que dejar de abrir para poder reconstruir los daños provocados por los temporales en las carreteras? Estos costos de oportunidad existen en proporción directa a la escasez de recursos fiscales y aun una economía boyante como la de esos años no pudo producirlos.

El tema debería ser entonces como dotar de más recursos al Estado y no el de cuáles gastos recortar para equilibrar las finanzas públicas. Una reforma tributaria progresiva no solo es oportuna, sino además impostergable.

domingo, 5 de abril de 2009

Actuación oportuna y consistente

Me pidieron que comentara el último editorial del semanario El Financiero. Aquí comparto con ustedes el texto que envié:

El editorial “Los equilibrios necesarios” considera que la acción estatal, después de que en mayo del 2008 el Presidente advirtiera sobre la crisis que se avecinaba, ha sido “lenta”. Pero a la vez reconoce que para enfrentar esta situación se cuenta con una estabilidad económica calificada como positiva. Lo cierto es que esta situación de estabilidad –y otras fortalezas que exhibe la economía costarricense-, no se ha generado espontáneamente, sino que se ha venido construyendo desde el momento mismo que se vislumbró la crisis, con el aporte decidido del Banco Central, y mediante una política fiscal responsable y con sentido social.

Lo anterior se complementa y confirma con el presupuesto del Gobierno para este año, elaborado precisamente después del anuncio presidencial el año pasado, y que fue diseñado teniendo en mente a los sectores más vulnerables, y con el objetivo concurrente de hacer política anticíclica, mediante un gasto público que sea un dinamizador importante de la demanda interna.

La respuesta del Gobierno ante la crisis, que no se limita a los aspectos mencionados sino que incluye otras medidas que por razón de espacio no detallaré (plan alimentario, recapitalización de los bancos estatales, transferencia de fondos a municipalidades, entre otras), ha sido entonces oportuna y proporcionada, en la medida de las posibilidades fiscales del país, y aprovechando los márgenes de maniobra que una política económica responsable le abrió al país.

Por último, el Poder Ejecutivo ha sido y seguirá siendo respetuoso de la autonomía del Banco Central, institución que ha venido haciendo un aporte fundamental en esta coyuntura. En un marco de gran rigor se han valorado cursos de acción y se han forjado posiciones comunes en temas como tasas de interés y control de la inflación. Esto como parte de un proceso de elaboración de una política económica integral que se concreta en un uso apropiado de los instrumentos de política monetaria y fiscal a disposición del Gobierno de la República, y que hasta ahora ha resultado en un conjunto de fortalezas que permitirá al país afrontar de mejor manera la peor crisis económica de los últimos 80 años.

martes, 18 de noviembre de 2008

Más comercio con más mercados

La visita del Presidente de la República Popular China a Costa Rica es importante por los convenios de cooperación firmados, pero además y sobre todo, por el anuncio que se hiciera del inicio de las negociaciones para suscribir un tratado de libre comercio entre los dos países.

Los pronósticos sobre la situación económica mundial no son positivos. Existen divergencias sobre la posible duración e intensidad de la recesión, pero en lo que todos los analistas e instituciones económicas internacionales coinciden es en que el 2009 no será un buen año.

No existe una receta única para enfrentar la crisis que ya estamos empezando a sufrir. Pero para algunos países como el nuestro, existen algunos principios ineludibles. Primero, para sortear la situación no es suficiente estimular la demanda interna. Para una economía como la estadounidense, en la que el consumo actúa como motor del crecimiento, esta es una opción impostergable. Pero para Costa Rica, con un mercado interno pequeño, esta no es una alternativa suficiente.

Hace apenas dos décadas, Costa Rica exportaba una centena de productos a un puñado de países. Del total de lo exportado, un altísimo porcentaje se enviaba a Estados Unidos y a uno que otro país europeo. Hoy el país exporta más de tres mil productos a decenas de países, y el peso porcentual de los destinos de exportación “tradicionales” ha venido disminuyendo paulatinamente. Esto constituye una fortaleza que nos permitirá enfrentar la crisis desde una posición que no teníamos en el pasado.

Aun así, la desaceleración económica mundial tendrá consecuencias y afectará a nuestro país. Ante esto, es importante abrir nuevos mercados, mediante la suscripción de tratados de libre comercio que estimulen el crecimiento de la producción nacional. En un entorno de crisis, tal vez se exporte menos a cada destino, pero esto se compensaría con el aumento de la cantidad de destinos. Se trata por un lado de exportar a más países, pero también de acceder con decisión a mercados hasta ahora tímidamente explotados. Desde esta perspectiva, la posibilidad de establecer un tratado de este tipo con China es a todas luces positiva y debe ser concretada lo antes posible.

El año pasado el país tuvo un superávit cercano a los $600 millones en su comercio con China. Este país se ha convertido en nuestro segundo socio comercial. La negociación y firma de un tratado de libre comercio es una necesidad impostergable, sobre todo en momentos como el actual. Ante la coyuntura internacional, Costa Rica debe optar por más comercio con más mercados.