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jueves, 24 de julio de 2008

Mejor un debate informado

Esta es mi respuesta (publicada hoy en La Nación) al artículo de don Jorge Guardia, la que de paso podría servir como explicación a don Rodolfo Rodríguez, quien dejó, cosa que le agradezco, un extenso comentario en el blog:

Me veo obligado a aclarar algunas afirmaciones que hace don Jorge Guardia en su columna del 22 de julio, relacionadas a mi artículo “Consultorías, salarios del Estado y fondos públicos”, publicado en este medio el pasado 16 de julio.

Primero yo no sugiero, ni directa ni indirectamente, que el funcionario público es mal pagado porque no da la talla. Lo que dije y reafirmo es que en parte porque personas como don Jorge y sus compañeros libertarios se han opuesto fervorosamente al aumento de la carga tributaria, no es posible pagar mejores salarios en la administración pública. Y eso hace que cuando se quiera contar sobre todo con la experiencia y el conocimiento especializado, se deba acudir a consultores. Es lo mismo que hacen las empresas o instituciones que contratan a don Jorge como consultor, sin que haya nada ilegal o inmoral en ello.

Segundo, los fondos de cooperación internacional no se utilizan sin control, porque para que los organismos donantes otorguen estas ayudas se suscriben convenios en los que se establece claramente el destino que se le dará a esos recursos. Los más interesados en que se haga un buen uso de los fondos de cooperación son los donantes mismos; por eso se establecen en esos convenios los objetivos que se desean alcanzar, así como los servicios que deben contratarse y bajo qué condiciones.

Tercero, don Jorge trae a colación una parte de un pronunciamiento de hace tres años en el que la Procuraduría valora como públicos los recursos recibidos en una donación. Pero don Jorge parece ignorar –o pretende ignorar-, que no todos los fondos de cooperación constituyen donaciones como la que se menciona en este pronunciamiento de la Procuraduría. Precisamente la donación de “dineros”, como se le denomina en otra sección del mismo dictamen, es extremadamente inusual, siendo lo común el establecimiento de programas de cooperación en las que los fondos NO son administrados por los gobiernos porque NO se otorgan en la forma de dinero contante y sonante que entre a las arcas del Estado. La fórmula habitual con este tipo de ayuda de cooperación es que se presenta un proyecto para la aprobación del donante, se firma un convenio en el que se designa un ente administrador de los fondos, así como un procedimiento para el giro de los mismos y se ejecuta el proyecto según los objetivos definidos y en lo ámbitos especificados en el convenio. Si don Jorge quisiera informarse más sobre el tema puede acudir a las entidades cooperantes establecidas en el país o a las múltiples organizaciones no gubernamentales que funcionan bajo este esquema.

Sobre esta forma de ejecutar la cooperación existen repetidos pronunciamientos de la Contraloría General de la República e incluso de la Sala Constitucional avalando la administración de los fondos sin que ingresen al presupuesto público, aunque, y en esto debo ser muy enfático, eso no significa ni por asomo, que los recursos se utilicen sin ninguna clase de control, pues todos los programas de cooperación son auditados nacional e internacionalmente de manera regular.

No hay, en consecuencia, un uso solapado de fondos públicos al margen de la ley. No es posible, como temerariamente afirma don Jorge, que los ministros hagamos lo que nos da la gana con esos recursos de cooperación, dado que hay convenios que regulan su uso. Don Jorge puede considerar que ciertas contrataciones no son pertinentes o necesarias, pero de ahí a decir que hay algo ilegal solo puede ser motivado por la ignorancia o por la mala intención.

Quisiera reiterar, como lo dije en el artículo anterior, que es posible mejorar procedimientos. Casualmente el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica, en conjunto con la Cancillería, ha venido elaborando desde hace varios meses un decreto de reglamento para facilitar y reorganizar la gestión de la cooperación internacional. Pero, como también lo dije ahí, esto no será factible si no se sitúa la discusión en una perspectiva informada, sin trivializarla acudiendo a símiles futbolísticos más apropiados para una gradería de sol que para el debate de temas de relevancia nacional.

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