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martes, 25 de noviembre de 2008

Rápida anotación desde New York

Atendiendo un evento de PNUD en New York he tenido la oportunidad de palpar de primera mano el nivel de preocupación que tienen los estadounidenses respecto a su situación económica (preocupación que todos debemos compartir por aquello de que si la economía de Estados Unidos estornuda al mundo le da pulmonía). Los pronósticos, desafortunadamente, son pesimistas; algunos hablan (incluido el Presidente electo), de una crisis de proporciones históricas. Para ilustrar el punto y comprobar que el tema no es una elaboración teórica, un reportaje que tuve la oportunidad de ver en alguna cadena de noticias daba cuenta de los problemas que enfrentan los ciudadanos de la tercera edad, quienes en algunos casos han tenido que abandonar su retiro para tratar de reincorporarse a la fuerza laboral y mejorar sus ingresos, parte de los cuales provenía de ahorros que ya no existen.

No está de más decir que las consecuencias de esta deblace nos alcanzarán tarde o temprano en nuestro país. Es de preverse un aumento en el desempleo y por lo tanto en el nivel de pobreza en el 2009, aunque una inflación previsiblemente menor a la que experimentamos este año, junto con el aumento del montos de las pensiones del régimen no contributivo y la ampliación de beneficios de "Avancemos" y de las ayudas para mujeres jefas de hogar con niños en edad escolar, sin duda atenuarán el impacto.

Por lo pronto no deja de ser inquietante sentir este estado que bordea el pánico en el que se encuentra el país más poderoso del mundo. El Presidente electo carga sobre sus espaldas la esperanza de todo un pueblo, incluso aquellos que no votaron por él. Tamaña responsabilidad histórica. Ojalea que le vaya bien.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Municipalidades y caminos

Este es un artículo que mandé a La Nación.

En días pasados La Nación informó y editorializó sobre los problemas que las municipalidades enfrentan para darle mantenimiento a las carreteras y caminos en sus cantones. La situación no es nueva, es sumamente compleja, y requiere un esfuerzo concertado entre diferentes instancias para enfrentarla. En esta dirección, el Gobierno ha venido planteando algunas medidas con la intención de coadyuvar en la solución, en el entendido que problemas que se han venido acumulando por décadas requerirán un proceso que bien podría tomar un tiempo similar para que obtenga resultados significativos.

Las municipalidades enfrentan los mismos obstáculos para la ejecución de obras de infraestructura que enfrenta el Gobierno central, producto de un ordenamiento jurídico diseñado para controlar y no para facilitar la ejecución. Para los municipios la situación se agrava pues no siempre se cuenta con los recursos necesarios, tanto humanos como técnicos, que le permitan lidiar con esta maraña legal de manera efectiva y ágil. Y por esto requieren de apoyo.

En esta dirección, el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica (MIDEPLAN) inició un proceso denominado de reconocimiento a la gestión municipal, que incluye la aplicación de un cuestionario que permitirá identificar áreas en las que las municipalidades tienen debilidades de gestión, como paso previo para realizar los procesos de capacitación e inducción necesarios para solventar esas debilidades. Este proyecto, realizado con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), comenzó con un plan piloto de 16 municipalidades este año, y para el próximo año se llevaría a cabo el trabajo en las municipalidades restantes.

Como complemento de lo anterior, en los primeros días de diciembre se firmará un convenio entre el proyecto de Fortalecimiento Municipal y Descentralización (FOMUDE) y la Universidad Estatal a Distancia (UNED) para la creación del Instituto de Formación y Capacitación Municipal, que asumirá en gran parte la responsabilidad de ofrecer permanentemente la instrucción necesaria que le permitirá a los funcionarios municipales cumplir con sus responsabilidades de manera más eficiente y fluida.

Pero además del tema de la capacitación y la construcción de capacidades administrativas que permitan una mejor y más eficiente ejecución de sus presupuestos, es importante que las municipalidades tengan la posibilidad de articular el trabajo de las instituciones públicas en sus cantones. Para esto se publicó hace algunos días un decreto que crea los “Consejos Cantonales de Coordinación Institucional”, que se definen como como “órganos colegiados de coordinación y consulta del Poder Ejecutivo y de las instituciones descentralizadas con los Gobiernos Locales respecto de las políticas públicas necesarias para gestionar el desarrollo integrado y sostenible de cada cantón “, y que tendrán entre otras responsabilidades la de “elaborar un programa anual de coordinación y verificación del desarrollo y cumplimiento de las metas y programas establecidos en el Plan Nacional de Desarrollo y en el Plan de Desarrollo Cantonal”.

En la práctica esto significa que las municipalidades pueden constituirse en un ámbito de coordinación interinstitucional, lo que redundará sin duda en una mejor acción pública a nivel local, no solo en relación con las carreteras y caminos, sino en todos los ámbitos relacionados con el desarrollo y mantenimiento de infraestructura.
Como se mencionó anteriormente, los problemas que enfrentan las municipalidades son de larga data. Medidas como las adoptadas, para ser efectivas, requieren de tiempo para generar cambios. En este sentido, vale la pena apostarle a la constancia en este y otros temas relativos al desarrollo nacional, y apoyar el trabajo de las municipalidades, pues no existe país desarrollado con gobiernos locales débiles.

martes, 18 de noviembre de 2008

Más comercio con más mercados

La visita del Presidente de la República Popular China a Costa Rica es importante por los convenios de cooperación firmados, pero además y sobre todo, por el anuncio que se hiciera del inicio de las negociaciones para suscribir un tratado de libre comercio entre los dos países.

Los pronósticos sobre la situación económica mundial no son positivos. Existen divergencias sobre la posible duración e intensidad de la recesión, pero en lo que todos los analistas e instituciones económicas internacionales coinciden es en que el 2009 no será un buen año.

No existe una receta única para enfrentar la crisis que ya estamos empezando a sufrir. Pero para algunos países como el nuestro, existen algunos principios ineludibles. Primero, para sortear la situación no es suficiente estimular la demanda interna. Para una economía como la estadounidense, en la que el consumo actúa como motor del crecimiento, esta es una opción impostergable. Pero para Costa Rica, con un mercado interno pequeño, esta no es una alternativa suficiente.

Hace apenas dos décadas, Costa Rica exportaba una centena de productos a un puñado de países. Del total de lo exportado, un altísimo porcentaje se enviaba a Estados Unidos y a uno que otro país europeo. Hoy el país exporta más de tres mil productos a decenas de países, y el peso porcentual de los destinos de exportación “tradicionales” ha venido disminuyendo paulatinamente. Esto constituye una fortaleza que nos permitirá enfrentar la crisis desde una posición que no teníamos en el pasado.

Aun así, la desaceleración económica mundial tendrá consecuencias y afectará a nuestro país. Ante esto, es importante abrir nuevos mercados, mediante la suscripción de tratados de libre comercio que estimulen el crecimiento de la producción nacional. En un entorno de crisis, tal vez se exporte menos a cada destino, pero esto se compensaría con el aumento de la cantidad de destinos. Se trata por un lado de exportar a más países, pero también de acceder con decisión a mercados hasta ahora tímidamente explotados. Desde esta perspectiva, la posibilidad de establecer un tratado de este tipo con China es a todas luces positiva y debe ser concretada lo antes posible.

El año pasado el país tuvo un superávit cercano a los $600 millones en su comercio con China. Este país se ha convertido en nuestro segundo socio comercial. La negociación y firma de un tratado de libre comercio es una necesidad impostergable, sobre todo en momentos como el actual. Ante la coyuntura internacional, Costa Rica debe optar por más comercio con más mercados.

martes, 11 de noviembre de 2008

El Che era un idiota político

Con este provocativo titular el periódico El País presenta una nota dedicada al libro "Comediantes y mártires", del ensayista Juan José Sebreli. La desmitificación es el primer paso para una valoración objetiva del aporte de los hombres a las causas que decían servir...

Sebreli: "El Che era un idiota político"

El Che fue poco más que un aventurero, un líder egocéntrico negado para la política que fue elevado a la categoría de mito impoluto tras su muerte, según señala el ensayista Juan José Sebreli (Buenos Aires, 1930), prestigioso intelectual argentino, en Comediantes y mártires (Debate), obra en la que analiza cómo cuatro destacadas personalidades del siglo XX han sido convertidas en mitos contemporáneos: el cantor de tangos Carlos Gardel, la actriz y política Evita Perón, el futbolista Diego Armando Maradona y el propio Ernesto Che Guevara.

El análisis más implacable es quizá el que Sebreli dedica al Che, al que califica de "idiota político", aunque añade que tal consideración "no pretende ser un insulto sino la descripción objetiva de un determinado comportamiento" en referencia a la impericia política del guerrillero. Revisando documentos históricos, entrevistas, reportajes, conferencias y los propios diarios personales de Guevara, Sebreli traza una semblanza del Che muy alejada de la popular imagen legendaria. "Puede decirse que él fue, a la vez, un aventurero, un santo y un héroe, pero no un político", señala Sebreli en el libro ganador del I premio de ensayo Debate Casa de América, que ha presentado esta mañana en la Casa de América, en Madrid.

Una mitificación útil

Sebreli señala como punto clave en la historia del Che su reunión con Fidel Castro en México el 8 de julio de 1955. "Si no hubiese conocido en México a Fidel, "probablemente se habría marchado con una beca a estudiar medicina a París, que es lo que quería hacer". Luego llegaría la revolución y los crímenes. "Después del triunfo de la revolución cubana fue el encargado de los fusilamientos en masa, tras juicios sumarios celebrados sin el menor procedimiento legal por los tribunales revolucionarios instalados en la fortaleza La Cabaña. Los muertos llegaron a ciento sesenta y cuatro; no todos habían sido esbirros de Batista, entre ellos había algunos campesinos", escribe Sebreli.

Tras sus viajes a África y Bolivia, la mitificación del Che habría comenzado justo después de su muerte. "Muerto el hombre que le creaba dificultades políticas a Fidel y, además, el único que podía empañar su carisma, el fantasma del guerrillero muerto volvió a ser útil a los intereses castristas y se montó en La Habana una espectacular puesta en escena con el mito del héroe mártir que perdura hasta nuestros días", añade el ensayista. A toda esa glorificación habría contribuido de manera decisiva, según Sebreli, la imagen tomada por el fotógrafo cubano Alberto Korda en La Habana el 2 de marzo de 1960. "El motivo de que los jóvenes lleven camisetas del Che sin saber quién es" -añade el pensador- "denota una insatisfacción que tratan de llenar con estos falsos dioses encarnados".

El Che habría sido, en definitiva, la antítesis del político, según Sebreli. "La tarea del político es lenta, discreta y paciente, se realiza cada día y a través de los años, requiere esfuerzo, obstinación, perseverancia; además, necesita la capacidad de transigir, negociar, consensuar, saber replegarse, establecer alianzas", enumera el pensador argentino en el apartado "El político y el aventurero". "Fidel poseía esas cualidades; el Che, a la inversa, consideraba toda transigencia como traición al ideal revolucionario, encarnaba al sectario 'izquierdista infantil' ridiculizado por Lenin, que negaba por principio todo acuerdo".

Guevarismo opuesto al marxismo

El autor incluso incide en que el legado del Che colisiona diametralmente con el marxismo. "Punto por punto, el guevarismo fue lo opuesto al pensamiento de Marx y del socialismo clásico: sustituía la autoemancipación por la vanguardia iluminada y el jefe carismático, la movilización de masas por el foco, la democracia social por la dictadura política, el partido por la guerrilla, la lucha de clases por la lucha entre naciones ricas y pobres, la clase trabajadora por el campesinado, las condiciones objetivas por el voluntarismo, el socialismo, sólo posible en las sociedades avanzadas, por el de los pueblos más pobres."

En Comediantes y mártires, Sebreli separa la persona del mito construido a su alrededor. Así, en Gardel distingue el artista "excepcional en la historia de la música popular" y lo aleja del "mito gardeliano" impulsado tras su muerte. A Evita, autoproclamada "abanderada de los humildes", le señala su obsesión con la alta costura, y a Maradona lo perfila como un personaje tendente a bascular entre el escándalo y el fraude. Un proceso similar de desmitificación es el que ya acometió Sebreli en El olvido de la razón respecto a algunos de los grandes popes de la filosofía contemporánea, de Nietszche y Heidegger a Levi-Strauss, Lacan y Derrida, entre otros.

"Hago una crítica de los mitos", ha indicado Sebreli durante la presentación. "Creo que una sociedad democrática e igualitaria en que los individuos son conscientes de su libertad no han de poner sus destinos en manos de los mitos". Finalmente, quizá consciente de la polvareda que pueden levantar sus declaraciones, ha advertido: "Los datos [que hay en el libro] son objetivos; las interpretaciones, que son mías, pueden ser discutibles".

sábado, 1 de noviembre de 2008

Vender la concesión al mejor precio posible

El Sindicato de Trabajadores de JAPDEVA aparentemente no se opone a la concesión del puerto de Moín por razones ideológicas, ni quiere defender ningún principio. La demanda que hiciera SINTRAJAP para que el Estado hiciera una inversión millonaria, modernizara el puerto y lo mantuviera bajo administración de JAPDEVA, no parece haber sido sincera. Lo que finalmente parece es que la dirigencia sindical quiere negociar el monto de la indemnización para cada funcionario. Si la cantidad es "justa", el puerto puede concesionarse.

No puedo pensar en nadie que pueda justificar y mucho menos apoyar una "propuesta" como esta, salvo, por supuesto, los interesados directos. No podría creer que algunos grupos, en su afán de rechazar todo lo que venga del Gobierno, estén dispuestos a legitimar con su apoyo, explícito o por omisión, la actuación de una dirigencia sindical que se retrata de cuerpo entero con esta "contraoferta" para que cada trabajador reciba $500,000 como condición para acceder a la concesión. Estamos hablando de doscientos ochenta millones para cada uno de los 1400 privilegiados trabajadores de JAPDEVA, $700 millones en total. Casi 400,000 millones de colones, un monto casi equivalente al presupuesto anual de la Caja Costarricense del Seguro Social.

Pero bueno, ahora que sabemos qué es lo que aparentemente quiere la dirigencia sindical de JAPDEVA, al menos el panorama está claro. Es cuestión de sacar cuentas y reunir los fondos necesarios. Al parece no se discute sobre principios o se confrontan visiones técnicas sobre la operación del puerto. Se trata, finalmente, de vender la concesión al mejor precio posible.

jueves, 30 de octubre de 2008

Editorial Democracia Digital

Mas allá de lo ambiental

El debate suscitado en torno al decreto que permite el inicio del proceso de explotación minera en Las Crucitas es en realidad la continuación de un debate más complejo y prolongado, que no parece tener visos de resolverse en el corto plazo. Se trata de la tensión entre preservar y proteger el ambiente, con la realidad socioeconómica que enfrentan algunas comunidades.


Sin duda existen múltiples razones para explicar este aparentemente insalvable desencuentro. Pero está claro que una de las más importantes es el dogmatismo a ultranza. No deja de sorprender la poca sensibilidad que algunos ambientalistas radicales exhiben hacia la circunstancia social y económica que enfrentan algunas comunidades empobrecidas que depositan sus esperanzas en el empleo que pueden brindarle empresas que vienen a realizar actividades de explotación, minera, hídrica, etc.. El pasado lunes los dos grupos, los defensores del ambiente y los vecinos de Las Crucitas se encontraron frente a las instalaciones del MINAET, y fue muy desagradable contrastar la vociferante arrogancia de los primeros con la angustia y asombro de los segundos. Descalificar como razón legítima la preocupación de familias enteras que dependen del trabajo que les brinda la empresa que opera en Las Crucitas no es más que un acto de gran arrogancia e insensibilidad social.

En este caso, existen algunos elementos adicionales. La concesión, otorgada hace casi 10 años, no ha podido entrar a operar por múltiples razones, entre ellas la indolencia del Gobierno anterior que decidió actuar como si la empresa concesionaria no tuviese derechos. Ahora, cuando la amenaza de una demanda multimillonaria es inminente, algunos sectores actúan como si esta no fuera una posibilidad real. Lo cierto es que un arbitraje internacional, si la empresa finalmente no pudiera concretar su derecho, es un elemento que no puede estar ausente de cualquier análisis del tema.

Esta ha sido, durante mucho tiempo, la posición del algunos sectores ambientalistas, la de oponerse -sin considerar la implicación social o legal del tema-, a cualquier iniciativa, sobre todo privada, de explotación de nuestro potencial ambiental. Ciertamente existen mejores prácticas y un país como el nuestro debe no solo cumplirlas, sino impulsarlas universalmente. Pero la oposición radical, muchas veces motivada por razones extra-ambientales, sin considerar todo el panorama y sin ofrecer alternativas, es inaceptable, y no contribuye para alcanzar ese justo medio al que el país debe aspirar, en el que los recursos naturales son explotados sosteniblemente, como una forma de generar mejores condiciones de vida para la población.

Como en muchos otros ámbitos de la vida nacional, la mesura, el respeto, la apertura a otras posiciones y la voluntad de encontrar posiciones comunes debe imperar en la discusión de los temas ambientales.

Desafortunadamente esta no parece ser un estrategia aceptable para algunos.

lunes, 20 de octubre de 2008

Respuesta de Kevin Casas

Hace unas semanas circuló por la red un artículo en donde Kevin Casas hacía algunas reflexiones sobre el libre comercio. Confirmando mi sospecha de que alguna gente aun no ha podido superar la derrota sufrida en el referéndum del 7 de octubre del 2007, las opiniones de Kevin fueron interpretadas, como habitualmente lo hizo a lo largo del debate sobre el TLC un cierto sector del "No", de manera parcial y presentando su posición como contradictoria con lo que defendió en ese debate, sin entender que la realidad no es dicotómica, y que una posición puede tener matices sin dejar de ser coherente.

Kevin, un poco asombrado por la reacción de cierta gente, radactó esta respuesta, con la intención de publicarla en la prensa escrita costarricense.

¿Por qué la incomodidad con la incomodidad?
Kevin Casas Z.

A principios de setiembre publiqué un artículo en la revista Yale Global titulado ¿Por qué la incomodidad con el libre comercio? Para mi sorpresa, el artículo fue publicado en varios países y terminó circulando en Costa Rica. Por expresar puntos de vista críticos sobre el libre comercio generó aquí reacciones curiosas, incluso en estas páginas. Como esas reacciones me parecen reveladoras de serios equívocos no está de más escribir una cuartilla adicional.

En mi artículo señalo claramente que el libre comercio es un objetivo deseable para los países en vías de desarrollo. La evidencia tiende a sustentar ampliamente los efectos beneficiosos de la apertura comercial en los niveles de desarrollo. Correlativamente, sustenta aún mejor los terribles efectos que el proteccionismo comercial tiene sobre el desarrollo, como lo demostró con contundencia la experiencia de la Gran Depresión, la que, por cierto, haríamos bien en revisar con cuidado ahora que la economía mundial está pendiendo de un hilo.

Otra cosa, por supuesto, es cómo se conduce la discusión de la liberalización comercial en la práctica. Sobre esto sí tengo una gran desilusión –que es la misma que tienen desde la OMC hasta OXFAM— de ver cómo lo que podría ser un proceso muy beneficioso para todo el mundo, termina por distorsionarse en los hechos y conduce a resultados menos que óptimos. Fruto de esa desilusión es el artículo que escribí. Al decir que hay hipocresía en el discurso de los países desarrollados, que la asociación de la apertura comercial con la venta de empresas estatales es desafortunada, que el debate democrático sobre el libre comercio ha sido escaso en todas partes y que el libre comercio tiene efectos más bien perjudiciales sobre la desigualdad, no estoy diciendo más que cosas obvias, que yo, al menos, sé desde hace tiempo.

Pero hay que tener mucho cuidado con saltar a la conclusión de que, por todo ello, era mejor rechazar el TLC con EEUU y que, como dijo un muchachón en algún colorido blog, he incurrido en una "nauseabunda contradicción argumental". Quien así argumenta sufre de una enorme pereza mental.

Examinemos cada una de las afirmaciones del artículo. Ciertamente la duplicidad de los países desarrollados ha impedido el éxito de la Ronda de Doha, que es un foro en el que los países en vías de desarrollo pueden defender sus intereses con mucha mayor probabilidad de éxito. Yo deploro esa duplicidad, pero no estoy dispuesto a renunciar a la posibilidad de continuar el proceso de apertura comercial –que es esencial para un país del tamaño de Costa Rica—por medio de acuerdos bilaterales o regionales, por más que estos sean menos deseables. El costo que impone la hipocresía de algunos países es alto pero sigue siendo menor que el costo de darle la espalda a la globalización.

En segundo lugar, puedo entender por qué en el debate público la privatización de empresas públicas ha terminado en el mismo saco que la apertura comercial, pero igual lo lamento, toda vez que se trata de procesos distintos, que a veces caminan juntos y a veces no. Uruguay y Costa Rica han abierto sus economías al comercio, pero no han privatizado. Brasil ha privatizado casi todo, pero sigue siendo una economía relativamente cerrada. Es evidente que muchos procesos de privatización en América Latina fueron un desastre pero eso me dice muy poco sobre los méritos de la apertura comercial. En todo caso, no hay que olvidar que, pese a argumentos en contrario repetidos hasta la saciedad, el TLC no ha privatizado al ICE o al INS y es dudoso que ese vaya a ser el resultado final. Ese no fue el resultado de la apertura de las telecomunicaciones en Uruguay o en los países nórdicos y de nosotros depende que no lo sea en Costa Rica.

En tercer lugar, la afirmación de que el libre comercio no ha ido acompañado de un debate democrático no se aplica a Costa Rica y al TLC, como yo lo advierto en el artículo. Obviamente, hay gente en el país para la que un debate de casi 5 años y un referéndum no son prueba de apertura democrática, pero sospecho que quienes así opinan no tienen un problema con el procedimiento sino con su resultado.

En cuarto lugar, si el TLC va a complicar los problemas distributivos en Costa Rica, eso no es razón suficiente para oponerse a él, sino para impulsar lo que, en mi criterio, tiene la clave para una transformación progresista en Costa Rica: una reforma tributaria digna de ese nombre. A fin de cuentas, los países nórdicos están entre los más equitativos del mundo y, al mismo tiempo, entre las economías más abiertas.

Finalmente, el tema de la propiedad intelectual y el desarrollo, que me preocupa mucho, va bastante más allá del contenido negociado por Costa Rica en el TLC con EEUU. El contenido de las regulaciones globales de protección a la propiedad intelectual es casi tan preocupante como aquel. He ahí un problema que Costa Rica no puede resolver sola, por más vehemente que sea su oposición a lo negociado en el TLC. Tratar de resolverlo ahí es equivocado y es inútil. Me temo que eso requiere una coalición mucho más amplia de países, que trabajen en esa dirección en los foros multilaterales.

Así, ninguno de estos argumentos conduce a rechazar el TLC. Ello por una razón elemental. Nunca he afirmado que el TLC es una muestra óptima y destilada de lo que debe ser un acuerdo de libre comercio. Se trata de un acuerdo con deficiencias serias, pero cuyo balance general para el país es ciertamente defendible, no porque sea la clave de nuestro desarrollo, sino porque la opción de quedarse fuera de él era y sigue siendo mucho peor. Siempre tuve claro que estábamos escogiendo entre opciones muy imperfectas, como tantas veces sucede en la política. Me imagino, por ejemplo, que ningún miembro del Congreso de EEUU está feliz de socializar las pérdidas de Wall Street, pero el precio de no hacerlo es demasiado alto como para contemplar esa opción. Por ello, a pesar de los pesares, volvería a votar a favor del TLC por motivos absolutamente pragmáticos, sin grandes ilusiones y con plena conciencia de las limitaciones de lo que estoy escogiendo.

Así, pues, hay aquí dos proposiciones que no son excluyentes: 1) El libre comercio es un objetivo deseable, pero es imprescindible mejorar y democratizar la forma en que se traduce en la práctica (de eso se trataba mi artículo, no de un manifiesto para defender el proteccionismo. 2) El TLC con EEUU es una muestra bastante imperfecta de acuerdo comercial, pero adoptarlo con sus defectos es mejor que la opción de rechazarlo. Obviamente, ambas proposiciones son debatibles, pero aceptar la primera no obliga a rechazar la segunda.

No espero que estas razones tengan el menor impacto en quienes, con los ojos desorbitados, las venas saltadas y el resentimiento social a flor de piel, son incapaces de ver una onza de verdad en la posición de quienes no piensan como ellos. No es a ellos a quienes me dirijo. Quisiera, más bien, que me leyeran quienes sí están dispuestos a tener una discusión seria y matizada sobre la apertura comercial y sus efectos en el desarrollo. Aunque tuvimos un debate nacional antes del referéndum sobre el TLC todos sabemos que no fue un debate de calidad, sino una discusión deformada por las medias verdades y las descalificaciones mutuas. Yo fui parte –y parte nada menor—de esa falla colectiva. Ahora lo lamento. Por la salud de nuestra discusión pública realmente quisiera ver a muchos otros –en ambos lados de la barrera—hacer aunque solo fuera un atisbo de este reconocimiento.